El hotel es un edificio de construcción reciente, aunque está hecho al estilo de la arquitectura tradicional de la zona, con muros de piedra y tejados de pizarra. El interior es confortable, las habitaciones tienen un tamaño adecuado y el baño es excelente para un tres estrellas. Nosotros fuimos en invierno y la calefacción funcionaba de maravilla.
Los dueños siempre están por la recepción y son muy amables a la hora de sugerir planes, visitas, restaurantes etc. Parecen conocer muy bien la zona y merece la pena preguntarles cualquier duda.
Es importante tener en cuenta que el hotel está fuera de Torla, a unos 300 metros de agradable paseo. Según el punto de vista, esto será una ventaja o un inconveniente.
Como en las otras opiniones, echamos en falta un servicio de comedor más completo: tener la posibilidad de comer o cenar allí, algo que actualmente el hotel no ofrece.
Algún día que llegábamos agotados de excursiones o actividades, no apetecía nada volver a salir del hotel (especialmente en invierno cuando los días son tan cortos) y sin embargo es la única opción para no quedarse sin cenar.
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