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Valoración media Hotel El Tiempo Perdido 6
de 1 opiniones

Hotel El Tiempo Perdido

4*

Trav. del Ayuntamiento, 5-7
28189 Patones

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A 60km al norte de Madrid capital, en el pintoresco y encantador pueblo de Patones de Arriba, se encuentra el hotel rural El Tiempo Perdido.
Se tarta de un alojamiento acogedor y familiar, de estilo rústico. Los elementos protagonistas en el hotel El Tiempo Perdido son la piedra y la madera.

La población de Patones de Arribar forma parte junto a Patones de Abajo, del pueblo de Patones, en un enclave natural de gran belleza y totalmente alejada del bullicio de las grandes ciudades.
Cerca del hotel encontramos la Cueva del Reguerillo, así como a 4 km se halla la Ermita de la Oliva.

El hotel El Tiempo Perdido cuenta con 5 habitaciones y 2 junior suites, todas de estilo rural, decoradas con muy buen gusto y equipadas con todas las comodidades.

Servicios

En el hotel:
  • Restaurante
  • Bar-cafetería
  • Salón social
  • Se admiten mascotas
  • Prensa

Opiniones sobre el Hotel El Tiempo Perdido

Valoración media 6 de 1 opiniones
Confort 6
Servicios 6
Personal 6
Limpieza 6
Calidad/precio 6
Recomendado para:
  • Pareja joven: 1
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Valoración
6/10
Laura Barrios de MADRID
9-02-2009
Confort 6
Servicios 6
Personal 6
Limpieza 6
Calidad/precio 6
Unos queridos amigos nos hicieron el mejor regalo que se les ocurrió, un fin de semana de retiro y complicidad en un bonito hotel llamado “el Tiempo Perdido” en Patones de Arriba. nos encantó la idea y nos dispusimos a elegir fin de semana. Se demoró ya que el hotel estaba en obras y tras muchas vicisitudes consiguieron reservar un fin de semana allá por noviembre. Organizamos todo, fundamentalmente a los cuatro niños, y a dos día de irnos el dueño llamó a la amiga encargada de la reserva para comunicarle que el hotel estaba ocupado por una boda. Se había distraído, debía perdonarle,…etc. Bien, tranquilos, aceptamos las excusas y retrasamos el viaje. Por fin el 6 de febrero, ya 2009, conseguimos (Es poco menos que imposible contactar con ese hotel) fijar un nuevo fin de semana. Organizamos de nuevo a los niños, llegamos al trabajo a las 7 de la mañana para poder salir pronto, ultimamos detalles de logística en una casa complicada, etc… y a mediodía empezó a nevar con recomendaciones de no conducir por la a1. Ignoramos las recomendaciones por la ilusión que teníamos en el viaje y porque sabíamos que nos esperaban en “el Tiempo Perdido”, con una reserva en firme. Llegamos a la cinco y media a un pueblo encantador y vacío y a un hotel y a un restaurante donde no había ninguna señal de vida y nadie respondía. Llamamos a las puertas el hotel y de los dos restaurantes “el Poleo”…Silencio, ninguna respuesta, nevaba, 2º. Llamamos por teléfono a tres números diferentes, dejamos un mensaje…silencio. Sobre las siete de la tarde decidimos bajar al pueblo de Patones de Abajo buscando información y cobijo. Nos preocupamos pensando qué tipo de problema podía haber. entramos en un bar, “manolo”, donde dos mujeres muy amables que estaban atendiendo y una chica llamada Sonia nos proporcionaron otros teléfonos a los que nosotros y ellas llamamos desde allí. A las siete y media decidimos volver. Ahora había una tenue luz en una de las entradas. Llamé a la puerta con más firmeza y con la esperanza de que pudiera haber alguien. Pasaron unos minutos, volví a llamar, se encendió una luz arriba de una escalera, y un hombre de mediana edad bajó corriendo por ellas. Lo que siguió a continuación fue una escena surrealista y llena de despropósitos. al preguntar sólo con curiosidad a la persona que nos atendió si ya estaba antes, recibimos una respuesta airada y suficiente, cargada de malos modos. Mi marido le sugirió algo enfadado pero con total corrección que si mantenía la puerta cerrada al menos dejara una luz como señal de que había alguien y que por favor atendiera el teléfono. la respuesta de la persona que nos recibió –parece que el dueño, porque hablaba de su hotel- fue intolerable, airada, maleducada y según mis consultas ilegal. nos sacó a la calle para enseñarnos el cartel que decía que la entrada era por la puerta (Cerrada) de “el Poleo” y allí mismo nos comunicó que su hotel no estaba abierto para nosotros, y que no nos alojaba. En cinco minutos de conversación, de absoluta corrección por nuestra parte. Nos dejó a las ocho de la noche, después de más de dos horas esperando, en la calle, y a pesar de tener una reserva. El pueblo estaba vacío, no sabíamos de otro alojamiento y con una tremenda decepción y disgusto nos volvimos a Madrid, y a nuestra casa, bajo una buena nevada.



No es una anécdota. Es un enorme atropello derivado de una arbitrariedad que desconocemos y que no sabemos con qué regularidad se produce. Estos hechos los pueden corroborar en gran parte las personas que esa tarde nos vieron desconcertados Patones Arriba y Abajo bajo la nevada.

»Formo parte del personal del hotel y quiero responder

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