Las vistas desde la habitación eran excelentes, pero el todo incluído era escaso. No daban agua en botellas, sino en jarras.
No permitían que juntáramos las mesas para comer, aduciendo absurdas razones del metre, como que rompíamos los pasillos. No ponían el aire acondicionado en el comedor. La comida se repetía mucho y solían escatimar en lo mejor o en lo más demandado. Los empleados eran, la mayoría, muy groseros, quizá porque había poco personal para tantísima gente.
Aumentar el número de empleados. Si ello no es posible, que estos no lo paguen con los clientes.
Deberían poderse juntar las mesas (Lo contrario es, sencillamente, absurdo. Imagínense a cuatro adultos, dos niños y un bebé, sentados en dos mesas).
Si ellos ofrecen un todo incluído, tiene que ser absolutamente todo. Lo del agua en jarras es algo que nos señalaba del resto del hotel, y tener que mendigar (y a veces comprar) una botella de agua para subirla a la habitación es algo insólito.
El servicio de habitaciones era malo: a veces venían a las cuatro de la tarde a hacer la habitación.
De los cuatro ascensores, uno estuvo roto los siete días, y otro tres.
La oferta la han puesto ellos, así que la asuman o que no vuelvan a ponerla.
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