Es una pena que con una ubicación tan buena y un edificio tan aprovechable descuiden todos los aspectos que dan calidad a un hotel.
Como nota positiva, el personal de recepción fue amable y servicial en todo momento. Sin embargo, el resto del personal, sobre todo de limpieza y de cafetería, son francamente maleducados.
Las habitaciones están a medio terminar, mal pintadas, sin cortinas. los armarios no tienen puerta y las duchas no tienen cortina ni mampara y están al nivel del suelo, con lo cual al ducharse, incluso poniendo cuidado, se inunda todo el baño.
Personalmente, considero que en lugar de gastarse el dinero en televisores de pantalla plana que apenas caben en la habitación y ocupan parte del "armario", habría que invertir en cosas básicas que hacen la estancia mínimamente aceptable.
Había pelusas como puños por el suelo, un chicle y un papel tirados, ceniza en el cenicero...
Cuando llegamos a la habitación, el "precinto" del inodoro estaba tirado en el suelo, y el bidé estaba lleno hasta arriba de un líquido amarillento. No hace falta decir que el resto del baño evidenciaba no haberse limpiado debidamente desde la apertura del hotel. No dijimos nada porqué ya nos habían cambiado de habitación (la primera tenía una cama doble muy pequeña que hacía mucho ruido), y queríamos salir y olvidarnos de problemas, y estar protestando todo el rato te fastidia las vacaciones. Nos reímos, y confiamos en que limpiarían el baño al día siguiente.
Nos equivocamos: al día siguiente, al llegar por la noche al hotel después de todo el día de caminata turística por la ciudad, esperando encontrar una habitación medianamente limpia... el precinto seguía tirado en el suelo y la "agüita amarilla" seguía en el bidé. No habían cambiado la bolsa de basura.
No nos habían dejado papel higiénico ni productos de baño. a esas horas, evidentemente, no nos iban a limpiar la habitación... Al menos, el encargado de recepción fue tan amable de llevarnos los productos de baño que nos faltaban.
El desayuno es un evento dantesco que merece un capítulo aparte. Se "celebra" en una cafetería que forma parte del hotel y comunica con recepción, pero que también está abierta al público. El método es el "autoservicio" porqué sólo hay una chica detrás de la barra, y un señor bastante mayor que entra y sale como un vendaval para reponer tazas, platos y demás
Claramente, no están preparados para servir desayunos en un hotel.
La bollería se deja en platos en una de las mesas y se produce una "carrera a muerte" entre los huéspedes para poder "pillar" algo. Esas mesas son ocupadas finalmente por clientes, claro está, porque no hay suficiente sitio. No se recogen y limpian las mesas con suficiente rapidez para ir acomodando a los nuevos huéspedes que llegan a desayunar. La chica de la barra apenas habla español y no da demasiado buen trato.
Durante todo el desayuno disfrutamos de los gritos y discusiones entre clientes y personal Si te gusta desayunar tranquilamente... No vayas al San Blas.
Hablando de contaminación acústica, de 9 a 9 nos regalaron los oídos con un hilo musical a todo volumen, que impide dormir una siesta o relajarse un rato leyendo un libro. Las habitaciones no están bien insonorizadas: se oye al de al lado, al de arriba, al de en frente a través del patio interior al que dan las ventanas, y a la chica que limpia, que, por si no te has despertado con el ruido, entra en la habitación a las 9.30 de la mañana, pasando olímpicamente del cartel de "no molestar".
Pensábamos que 55 ¤ era un precio fantástico para una habitación doble con desayuno.
Hay hoteles de sobra en Zaragoza como para tener que hospedarse aquí. No volveremos al San Blas.
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»Formo parte del personal del hotel y quiero responder