El hotel nos ha encantado. Era justo lo que buscábamos: un hotel bonito y tranquilo, de calidad, para descansar, donde se come bien.
Contratamos media pensión: desayuno y cena, que se sirven en bufet. El bufet era bueno, de calidad. La variedad no era muy grande, pero suficiente para disfrutar de un buen desayuno y una buena cena. Existe también la posibilidad de cenar a la carta en el restaurante barbacoa y en el internacional. El segundo me gustó mucho más que el primero, que estaba bien, pero no sorprendía, como sí lo hacían algunos platos del segundo. Pero lo mejor de las comidas: las vistas. Tanto el restaurante internacional como el del bufet tienen mesas en el exterior, que hacen que uno difrute de la inmensidad del mar por la mañana y por la noche.
Nosotros pasamos una semana en el hotel y nos dimos cuenta de que, para nuestro gusto, es mucho mejor ir entre semana, porque hay menos gente, si bien también pudimos disfrutar de nuestra tranquilidad tan anhelada el fin de semana. Para nosotros, la mejor de las cuatro piscinas fue la del club Laurel, de agua salada. un ascensor hecho en la piedra del acantilado sobre el que se encuentra el hotel baja hasta el club, un rincón muy acogedor y tranquilo.
Las habitaciones son confortables. Son pequeños bungalows que se extienden por un jardín inmenso con árboles y plantas de todo el mundo.
El personal, atento y correcto.
Volveremos a La Gomera seguro, porque nos hemos quedado con ganas de realizar más caminatas por el parque de Garajonay, y éste será nuestro hotel.
La prensa española llega muy tarde a una de las tiendas del hotel, hacia las 11.30H de la mañana. No estaría mal que el hotel se preocupase de poner algo de prensa en los desayunos. Por cierto, otra sugerencia: el horario de desayuno, de 7H a 10h, podría ampliarse hasta las 12h.
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