A la llegada, antes de las 12:00 no se ofrece un habitación para guardar el equipaje, que queda al final en un salón al albur de que no venga nadie con intenciones aviesas.
En la comida del primer día se nos ofrece una comida con sabor uniforme: la salsa del primer plato (arroz con huevo frito + salsa) era exactamente la misma que la del segundo (lomo de cerdo). La paella del segundo día, pasada; además las gaseosas (la Casera) caducadas desde hacía casi un año (10 meses exactamente) que sustituyeron por Sprite al no haber más Casera. El responsable del comedor abroncó a los camareros en presencia de los clientes en una buena demostración de saber hacer.
En la habitación, el aire acondicionado era ruidoso, pues la rejilla de aireación del baño (habitación 304) estaba desprendida. Sábanas y toallas limpias, pero el suelo desconoce el barrido y el fregado, dejando la suela de las zapatillas para la lavadora.
A pesar de haber contratado con dos meses de antelación hasta el horario de comida, se nos modificó este último por decisión unilateral del hotel y se nos arrincona en un lugar incómodo y sin luz, porque adquieren compromisos posteriores. Posiblemente de mejor interes económico para la propiedad.
A la salida, se cede una habitación para el equipaje pero se cede una llave a no se sabe quien y sin control de los responsables del grupo, lo que tiene como consecuencia que la puerta permanece abierta al albur de cualquier situación y sin control por parte de nadie.
En resumen ¿Cuetro estrellas? Yo creo que un lucero es más que suficiente-
»Formo parte del personal del hotel y quiero responder